¿Por qué escribo?

El oficio de esritor es curioso, muy curioso. La mayoría de los escritores se sienten en la obligación de plantearse y responder a la pregunta de ¿por qué escribo? Seguramente, también se la hacen los bomberos, los astronautas, los administrativos y los inversores. Parece que cuando te dedicas a actividades artísticas, tan poco lucrativas como la escritura, la pintura o el ajedrez, tan poco exitosas salvo honrosas excepciones, resulta tan extraño a ojos de los demás que la respuesta no es «para ganarme la vida» que debe haber algún otro tipo de motivación interna que nos impele a escribir, sabiendo que lo que tenemos que contar les interesará probablemente a muy pocos. Y sin embargo, seguimos escribiendo, jugando al ajedrez y pintando.

Responderé a la pregunta. Escribo porque respiro, y dejaré de hacerlo cuando deje de respirar, no antes. Escribo porque leo, porque es mi forma de reflexionar, de espantar demonios internos; escribo porque no hay nada que me haga más bien y que sea tan barato.

Este blog que ahora inicia tiene varios objetivos:

  • Me gusta compartir mis demonios. Es una forma de hacer más llevaderos sus embates, y es extraordinariamente gratificante saber que lo que has escrito ha llegado al alma de otra persona (a mí me pasó muy pocas veces, pero las recuerdo con enorme gratitud todas y cada una de ellas).
  • Difundir entre otros progenitores las historias que he escrito para mis hijos, en la confianza de que si les ha gustado a ellos, mis primeros lectores, les puede gustar también a otros.
  • Compartir mis proyectos, el último libro que he empezado, la última idea que se me ha ocurrido, por muy poco razonable que pudiera parecer.
  • Hablar y escuchar a los que me leen, saber qué opinan, qué les gusta de lo que digo y, sobre todo, qué no les gusta.
  • Imponerme la disciplina de escribir con cierta periodicidad, para así obligarme a seguir haciéndolo. La pereza es un enemigo declarado mío y ya me ha ganado demasiadas batallas. Seguro que, con tu ayuda, esta no será una de ellas.

Para despedir esta entrada, daré una respuesta metafórica. Escuché una vez una historia que contaba que se encontraron una rana y un escorpión un río que debían cruzar. El escorpión no sabía nadar, la rana sí, por eso, el escorpión le pidió a la rana que le ayudara a cruzarlo. La rana desconfió, y le preguntó al escorpión:

  • ¿Y cómo sé que no me picaras cuando te lleve a las espaldas?
  • Porque moriremos ambos, tú por mi mordedura y yo ahogado -le respondió el escorpión.

Así convenció el escorpión a la rana, que empezó a nadar hacia la otra orilla con el escorpión a sus espaldas.

Cuando estaba en mitad del río, la rana sintió un dolorosísimo picotazo en su espalda, y sintiendo como el veneno lo aniquilaba velozmente, justo antes de morir tuvo fuerzas para preguntarle al escorpión:

  • ¿Por que lo has hecho?
  • Está en mi naturaleza -respondió el escorpión escritor.

Ese es, en resumen, la única explicación posible. Está en mi naturaleza escribir.

@ Javier Nodras (2019)

Publicado por Javier Nodras

Escribo libros infantiles y juveniles. Fui ganador del Concursos de relatos cortos "Villa de Rentería" con el relato "Ellas, mis uñas", traducido al inglés. He escrito, entre otros, "La luna leve", "El expreso intergaláctico", y el poemario "El zoo ajedrecístico".

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